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Escuela de Dirigentas Avanzando hacia la Despatriarcalización y Descolonización




Marco Conceptual

A mediados de la década de los ochenta la División de Población (Proyecto UNFPA-1301184/85) contribuye y canaliza la realización de un evento nacional para la creación de la Coordinadora de la Mujer. Los factores que contribuyen a la creación de esta instancia fueron:

  • Inestabilidad o vacío institucional para atender la problemática de la mujer.
  • La ausencia de políticas dirigidas a este sector a nivel gubernamental.
  • La emergencia de diversos organismos gubernamentales que trabajan y se interesan directa o indirectamente en el tema de la mujer.

En este contexto, el 7 de mayo de 1986 se constituye la fundación de la institución Coordinadora de la Mujer, consolidándose desde entonces en una instancia de reflexión, formación y propuesta dirigidas a la sociedad y al Estado para mejorar la posición de las mujeres en nuestro país en el marco del desarrollo humano sostenible, ante la inestabilidad o vacío institucional para atender políticas dirigidas a las mujeres a nivel gubernamental.

EL ENTRAMADO CONCEPTUAL CIUDADANÍA CRÍTICA Y REFLEXIVA

Hoy  surge la necesidad de repensar el concepto de ciudadanía, y vincularla a un status de igualdad de derechos y deberes, una posición política activa/crítica, mayor acceso a bienes y servicios y un mayor reconocimiento de las diferentes identidades individuales y colectivas de los integrantes de la comunidad política. Aunque intentar conectar todos estos atributos (igualdad y diferencia), no siempre sea posible, se debe buscar generar la mejor mezcla y el mayor equilibrio en torno a estas cualidades.

Se ha evidenciado que existe la necesidad de romper con la noción actual de ciudadanía y vincularla a lo económico que, como sabemos, es predominante y marca la posibilidad del acceso y ejercicio de derechos al interior de nuestras democracias.

No obstante, muchos pueden señalar que la ciudadanía liberal está vinculada a la justicia y equidad basada en tres elementos que se relacionan y funcionan de manera conjunta: i) un status de igual ciudadanía, iguales libertades básicas, es decir,  la concepción política de la persona como ciudadano libre e igual  ii) sentido de la justicia y del bien y desarrollo de un plan racional de vida y iii) el deber de civilidad, que se afirma con las virtudes públicas de civilidad, tolerancia, razonabilidad, y del sentido de equidad. En definitiva, un ciudadano libre, igual, razonable, y racional. Sin embargo, se debe señalar que el ejercicio de este tipo de ciudadanía al interior de los entramados del neoliberalismo es muy difícil que se cumpla, por una serie de factores que van desde lo económico, hasta lo político.

En tal sentido, se debe transcurrir dentro de un proceso que permita generar un modelo de ciudadanía comunitaria/individual, que si bien, incorpora un principio universalista de iguales derechos fundamentales, debe mantener el principio político de reconocimiento y la política de la diferencia tanto en lo que hace al género, la clase y la etnia. En esta nueva dimensión ciudadana van a ser reconocidas las diferentes identidades políticas individuales y colectivas existentes en la comunidad política –el valor igual de identidades diferentes-, ésto unido a la política de la diferencia, que justifica políticas particulares en función de éstas diferentes identidades, conformarán un modelo de ciudadanía de derechos individuales y colectivos que no diluya las identidades de género, clase y etnia.

Esta nueva visión que recupera la universalidad de la ciudadanía, no sólo requiere de derechos individuales, sino del reconocimiento de derechos particulares para la autorrealización y autoexpresión de las diferentes identidades individuales y colectivas que deben también garantizarse. El valor de la diversidad profunda y la fusión de los diferentes horizontes de significación que contiene cada identidad comunitaria, individual, genérica, étnica y de clase dignificarán la condición de ciudadano/a, y aumentarán el valor de una vida política participativa-proactiva-reflexiva, ya que todas las identidades existentes en la comunidad política serán reconocidas y respetadas. Con esto se evita la fragmentación de la sociedad política, y se refuerza la unión social de la comunidad política. Aunque para ello, se debe considerar que el perfil de la sociedad política, que refleja jerarquías del poder, visiones de mundo distintas y privilegios en la esfera política y económica, que deben ser considerados y enfocados desde una óptica política distributiva y del reconocimiento.

En síntesis, cuando hablamos de ciudadanía estamos construyendo una noción política que contextualiza las situaciones concretas de los/as individuos y se acerca a sus necesidades.

REPOLITIZACIÓN DE LA SOCIEDAD DESDE LAS MUJERES

"Repolitizar" el género significa redefinir las dimensiones más personales y subjetivas y sociales de mujeres y hombres, es provocar cambios en las dimensiones que provocan más resistencias en los sujetos para cambiar las relaciones de poder y participación en los diferentes espacios societales, es decir, expresa la búsqueda de cambios en las posiciones de hombres y mujeres en lo económico, político, cultural, social, etc.

La repolitización de la sociedad desde las mujeres, significa, incidir en la temática de reflexión social, la cuestión del poder y el conflicto. A lo que se debe incluir la articulación de los sectores de mujeres, sobre todo de aquellas que están organizadas.

Por tanto, la politización tiene que ver con la construcción del día a día del régimen de género, más político, mas reflexivo y cuestionador de la situación actual de las mujeres. En tal sentido repolitizar las acciones estará vinculado a resignificar el concepto de ciudadanía formal o normatìva (derechos y deberes), hacia una ciudadanía constituida por la creación de sujetos políticos en términos democráticos, y de la activación e intervención en los conflictos sociales y en el debate, confrontación y transformación de lo societal. Esto implica además, la capacidad de hilvanar (articular) la diversidad de problemáticas y luchas populares, y sectores sociales.

Asimismo, se reconoce la importancia de repolitizar el campo de participación social, contrarrestando las perspectivas tecnocráticas de los noventa de vaciamiento ideológico. Se trata de construir sujetos/as críticos y críticas sobre el acceso a los derechos educativos, económicos, culturales, sociales y políticos.
Por tanto, repolitizar significa también generar una conciencia política sobre los diferentes aspectos sociales y la formas de participación. Se trata de llegar al Estado no para acumular el poder, sino para traspasarlo a la sociedad, es decir, para repolitizar a la sociedad, sus entramados y sus actores sociales y así lograr una justa redistribución de los bienes materiales y subjetivos que permita avanzar hacia la eliminación de la pobreza.

LAS MUJERES Y SUS IDENTIDADES: CLASE, ETNIA Y GÉNERO

La pregunta que cabe hacerse en el nuevo contexto que vive el país encierra necesariamente dilemas que atingen a las categorías analíticas de género, etnia y clase. En todos los casos, las preguntas apuntan pues a identificar un mayor nivel de definición de los actores a los que tanto el indigenismo como el feminismo buscan representar. Sobre el tapete está puesto el hecho de que tanto uno como otro han pasado por un periodo histórico en el que ha sido posible la visibilización de sus sujetos, pero que eso ya no basta. Ambos habrán de preguntarse, entonces, qué indígenas y qué mujeres son los que están demandando las transformaciones que están latiendo cotidianamente en el país y, por lo tanto, cuáles son los tópicos emancipatorios que ahora toca desplegar (Salazar, 2006).

Tratar teóricamente el entrecruzamiento de las categorías de género, etnia y clase implica un desplazamiento epistemológico necesario que tienda a abarcar varios campos del conocimiento, siendo fundamental que se renueve la articulación entre éstos. Dicho esto y reconociendo que en los últimos años el énfasis puesto en la dimensión cultural fue "una manera de mantener el conflicto de modos políticamente productivos" (Butler, 1996), consideramos que hoy es preciso encontrar un nuevo paradigma explicativo que la asocie a los de la clase social y, de modo paralelo, contribuya al encuentro de una nueva forma de interpretación entre agencia y estructura y, por ende, entre lo macro y lo micro y entre materia y subjetividad.

UNA ECONOMÍA DESDE LAS MUJERES, PARA IMPULSAR UNA REDISTRIBUCIÓN JUSTA

Para hablar de una distribución de los recursos, necesariamente debemos hablar de una economía desde las mujeres, que tiene como primera labor documentar las diferencias de bienestar entre mujeres y hombres –es decir, incorporar las experiencias diferenciales de las mujeres al objeto de la economía–, proponer políticas para promover la igualdad –hacer ciencia para y por las mujeres- y conducir el desarrollo de conocimientos libres de sesgos androcéntricos. Una economía desde las mujeres develará los sesgos que no sólo han conllevado una "mala/perversa distribución económica", sino que han subyacido a los criterios legitimadores de un discurso opresor para las mujeres.

Una economía desde las mujeres deberá situarse en el ámbito de la economía normativa-ética, que se asume como un compromiso político-ético explícito para impulsar un creciente reconocimiento del valor de las contribuciones de las mujeres, que pueden y deben mejorar el estatus económico de las mujeres" (Mayhew, 1999: 737).

Esta mirada de la economía privilegia el punto de vista femenino-feminista de las mujeres: porque al ser un punto de vista marginalizado no tiende a defender el status quo, las mujeres están dentro del orden social, lo conocen, pero no están interesadas en mantenerlo, porque los trabajos de los que se encargan las mujeres tienen unas características especiales que los hacen ser un punto de partida preferible, al estar enraizados en la vida cotidiana, posibilitan un conocimiento más holístico -"pensar desde las vidas diarias de las mujeres necesariamente fusiona lo personal, lo social y lo económico-, mucho menos destructor del entorno – tratando de construir un conocimiento menos descarnado y abstracto y más preocupado por lo cotidiano por la vida misma de las mujeres". Es decir una economía más politizada desde el punto de vista de las mujeres. Acción que recupera la experiencia desarrollada por las organizaciones y movimientos de mujeres durante las décadas del ochenta y noventa del siglo pasado y que ha estado enfocada en la lucha por ocupar espacios de toma de decisión en el Estado y la sociedad civil.

Además esta nueva visión económica deberá poder atender también a las diferencias entre mujeres, para lo cual se hace necesario devolverle al acto económico su esencia social y reconocer explícitamente el papel del poder en la constitución de la identidad y en la reproducción de las estructuras sociales" (Barker, 2003: 106).

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