La Paz, 31 de marzo de 2026.- Las nuevas
autoridades municipales y departamentales asumirán funciones en un contexto
marcado por persistentes vulneraciones de derechos hacia la población LGBTIQA+
en Bolivia, donde las personas trans concentran la mayor parte de las denuncias
registradas, según alertaron organizaciones de la sociedad civil hoy, cuando se
conmemora el Día Internacional de la Visibilidad Trans.
En ese contexto,
el secretario técnico del Colectivo TLGB Bolivia, Rodolfo Vargas, señaló que el
nuevo ciclo político obliga a pasar de los compromisos a acciones concretas:
“Las nuevas autoridades no parten de cero. Existe una agenda construida desde
los territorios que marca prioridades claras. Incorporar estas demandas en la
gestión pública no es opcional, es una obligación para garantizar derechos y
reducir las desigualdades que siguen afectando, especialmente, a las personas
trans”, afirmó.
El señalamiento
se da en el marco de la presentación de la Agenda Política LGBTIQ+ para la
Garantía de Derechos en Bolivia, una propuesta construida con la participación
de más de 400 representantes de organizaciones LGBTIQ+ de los nueve
departamentos, que plantea lineamientos concretos para la gestión pública a
nivel municipal y departamental.
Impulsada por el
Colectivo TLGB Bolivia y la Coordinadora de la Mujer, en articulación con la
Defensoría del Pueblo y el Mecanismo de Coordinación Nacional PRODERECHOS
LGBTIQ+, la Agenda busca incidir en las políticas que deberán implementar las
nuevas autoridades en áreas clave como salud, educación, desarrollo económico y
protección social.
Las brechas
estructurales también se evidencian en experiencias concretas. Isabella, una
mujer trans de 33 años, recuerda las dificultades que enfrentó para que se
respete su identidad durante su paso por la universidad: “Figuraba en las
listas con mi nombre legal de nacimiento y tenía que pedir a los docentes que
me llamaran por mi nombre de identidad de género. Hoy, en el Día de la
Visibilidad Trans, recuerdo lo que significaba tener que rogar por ese respeto.
No era solo un nombre, era mi identidad”, relata.
Su testimonio
refleja una problemática extendida. Según datos del Observatorio de Derechos
LGBT, 73? las denuncias reportadas por vulneraciones de derechos de la
población LGBTIQ+ corresponde a personas trans, es decir, personas que han
construido su identidad independientemente de tratamientos médicos o
intervenciones quirúrgicas.
A su vez, según
el informe “Desiguales ante la Ley” de la Defensoría del Pueblo (2023), más de
la mitad de la población LGBTIQ+ (53%) ha sufrido discriminación en el último
año, mientras que la gran mayoría de estos hechos (96%) no se denuncia debido a
la desconfianza en las instituciones y al temor a represalias. En este
contexto, las personas trans enfrentan una situación particularmente crítica,
marcada por mayores niveles de violencia, exclusión y barreras en el acceso a
servicios básicos.
Isabella
enfatiza que estas situaciones no deberían repetirse: “Nadie debería pasar por
eso. Que ninguna mujer vuelva a vivirlo. Que las mujeres trans estemos en todos
los espacios, visibles, reconocidas y con la dignidad que siempre nos ha
pertenecido”.
En este nuevo
ciclo político, la Agenda plantea que las autoridades electas tienen la
responsabilidad de incorporar medidas concretas desde el inicio de su gestión,
orientadas a garantizar servicios públicos inclusivos, prevenir la
discriminación y asegurar condiciones para el ejercicio pleno de derechos.
Entre los desafíos más urgentes se encuentra la adecuación de los sistemas de
salud para respetar la identidad de género, así como el fortalecimiento de
mecanismos institucionales de protección.
Asimismo, el
documento posiciona a los gobiernos subnacionales como actores clave para
traducir los principios de igualdad y no discriminación en políticas efectivas,
subrayando que la garantía de derechos de la población LGBTIQ+ es una
obligación estatal y no una acción opcional.
Las
organizaciones impulsoras señalan que este momento de cambio de autoridades
representa una oportunidad para avanzar hacia territorios más inclusivos, pero
advierten que la falta de acciones concretas podría profundizar las brechas
existentes. En ese marco, la Agenda se proyecta como un instrumento de
seguimiento ciudadano y exigibilidad de compromisos.