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»Participación de las Mujeres y Agenda Legislativa »Sobre la participación con equidad

MITOS que dificultan la entrada de las mujeres en la política

 

Abajo presentamos algunos "mitos relacionados a mujeres y política", muchas veces reproducidos hoy en día y que siguen afectando el capital político de las mujeres, su status y sus proyectos.

 

El lugar de mujeres es en la casa, no en la política. No deben de participar en ésta porque eso afecta a la familia. La política es cosa de hombres.

Históricamente, la reducción de la mujer a su rol reproductivo la ha confinado mucho tiempo a la esfera privada y a sus roles de madre y esposa. Estos roles son, sin duda, importantes; sin embargo, tenemos el derecho a asumir muchos otros roles y proyectos en nuestra vida y a desarrollarnos integralmente como personas en los diversos ámbitos.

Por ejemplo, es derecho de todas y todos, como seres humanos, el participar en los asuntos públicos, ya que las decisiones tomadas en este espacio definen los destinos de nuestras comunidades y afectan nuestras vidas y la de nuestras familias. También tenemos los mismos derechos a asumir posiciones de liderazgo y/o puestos de representación política desde nuestras experiencias y posibilidades de aporte (derechos consagrados en diversos instrumentos normativos, nacionales e internacionales; para conocerlos cliquee acá).

Aparte de ello, como mujeres y como hombres tenemos legalmente los mismos derechos y deberes en la esfera privada (CPE, artículo 62; CEDAW, artículo 16). Asimismo, en lugar de exigir la presencia de las mujeres en su familia cuando éstas están luchando por un mejor mundo a través de espacios políticos, es importante preguntarnos ¿por qué los hombres no comparten en igualdad con ellas las tareas de la casa donde viven? Ambos, mujeres y hombres, participamos en la concepción de las hijas e hijos y somos igualmente responsables por su desarrollo y protección. En la práctica, las mujeres quedan responsables de casi todo lo doméstico, a pesar de que muchas veces también trabajan fuera. ¿Por qué? No podemos practicar la desigualdad en la casa y la igualdad fuera de ella. La igualdad está en todo lugar o en ningún lugar.

 

Las mujeres no participan en la política por falta de capacidad, habilidad  o preparación.

En lugar de reproducir esta idea simplista, ¿por qué no dar visibilidad y valor a la dedicación diaria de innumerables mujeres lideresas que, a través de sus luchas y aportes, contribuyen al desarrollo de sus comunidades? Estudios y testimonios revelan la existencia de múltiples mecanismos de exclusión que impiden que mujeres con amplia trayectoria social y política lleguen al poder, en especial en posiciones de titulares.

El ejercicio de la política debe ser igualmente abierto a todas y a todos: poder opinar y decidir sobre sus vidas y el destino de sus comunidades, de esto se trata. Aprender acerca de sus mecanismos y desarrollar estrategias de actuación y habilidades de gestión es algo que se genera con la práctica. Asimismo, la falta de preparación de mujeres u hombres, cuando ocurre, no es una característica inherente a sus personas, sino una condición transformable por cuestión de experiencia.

Como seres humanos somos todas y todos iguales, libres, y tenemos el mismo derecho de aportar a la construcción de la sociedad en que queremos vivir.

 

  "La mujer es la peor enemiga de la mujer": no pueden unirse políticamente en torno a intereses comunes.

Diferencias entre personas existen en todas partes. Confrontaciones también. Pero "si una mujer estuvo en desacuerdo con otra es porque está en la naturaleza de las mujeres no entenderse". Claro que existen desacuerdos entre mujeres, y también entre mujeres y hombres y entre los propios hombres. Pero las mujeres también tenemos necesidades comunes, basadas en las exclusiones de género y sus consecuencias. Y en diferentes espacios existen alianzas, articulaciones y entendimiento de mujeres en medio de la diversidad. Asimismo, es hora de reconocer estos espacios y dar visibilidad a la existencia de otros tipos de relaciones entre mujeres, basadas en el entendimiento, para una visión más integral de la realidad.

 

  La suavidad de las mujeres: debilidad en el liderazgo.

 La asociación de la autoridad como un valor masculino impregna a las instituciones como un valor básico cultural. En la casa se debe obedecer al padre/esposo; lo aprendemos desde pequeñas como hombres y mujeres. Esto afecta la autoridad de las mujeres en lo privado y en lo público. Y sin embargo es algo construido y que, por lo tanto, puede ser trasformado dentro y fuera de la casa. Hay muchas mujeres lideresas en diferentes espacios y, sin embargo, muchos mecanismos que invisibilizan sus ideas y sus acciones y reducen sus posibilidades de ingresar e incidir en espacios de decisión. Cambiarlos es un paso justo y necesario.

 

Somos todas y todos diversos y, sin embargo, ninguna diferencia puede servir de excusa para justificar desigualdades (en el acceso al poder, recursos, vida digna).

 





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